Alvaro Montaña's 4/27 Dinner Remarks (Español)

 

Qué alegría estar reunidos en este lugar nosotros, la familia Montaña, cuatro generaciones descendientes de Juan B. Montaña y su esposa, Carmen de Montaña.

 No podemos menos que dar crédito a Vicky y los otros parientes que tuvieron la idea de realizar este encuentro y de llevar a feliz término todos los detalles de su organización. A propósito, quiero agradecer a Jim Schoenberger la cuidadosa elaboración de la lista de descendientes del matrimonio Montaña – Aranguren. También quiero agradecer a Claudia Montaña-Collins y Santiago Montaña por su trabajo en el escudo de armas de la familia y a Claudia de Montaña por la traducción de este discurso.

 En esta ocasión, con ustedes juntos, rendimos homenaje muy especial a la memoria de don Juanito y mamá Carmelita, como los llamábamos en casa y a quienes debemos agradecer que nuestra presencia sea hoy una realidad.

 Nació Papá aproximadamente en el año 1876, y falleció en el año 1951 de 75 años.

Mamá nació en 1895, y murió en el 1982 a los 87 años.

Se casaron en 1910.

 Eran ellos personas íntegras en todos los aspectos.  Nos legaron las bases morales y los buenos principios que fueron como la piedra angular en que se consolidó nuestra formación como personas de bien.  Es justo reconocer todo lo que nos dieron generosamente, y expresarles nuestra gratitud, como reconocimiento a la dedicación de sus vidas en nuestro beneficio.

 Papá era una persona muy cariñosa y afable e hizo todo lo que estuvo a su alcance para lograr que pudiéramos estudiar.  Era muy bondadoso, lo mismo que muy recto en su proceder.  Nos inculco buenos principios y cuando era necesario, corregía con mano fuerte nuestras faltas. 

 Mamá fue, de la misma forma, una persona excepcional.  En los momentos difíciles que nos toco vivir mostró mucha entereza de carácter y le dio a papá todo el apoyo necesario para sacar adelante la familia.  Su temperamento alegre le sirvió para disfrutar de una existencia con salud inmejorable hasta su último día.

 Igualmente en esta oportunidad recordamos con cariño y ofrecemos tributo a la memoria de los hermanos desaparecidos. Francisco o Paco, como desde pequeño quiso que se le llamara; Pedro, Mercedes, y Jaime, así como a sus cónyuges, a quienes también recordamos con especial cariño, por sus condiciones personales y humanas.

 Paco contrajo matrimonio con Aura Mejía y tuvieron siete hijos. Fueron los más prolíficos.  Ellos son Pacho, Victoria, Cristina, Mauricio, Edgar, Daniel y Constanza.

 El mayor de los hermanos, fue el apoyo de la familia, junto con Pedro, por la época en que papá tuvo serios reveses económicos. Era una persona muy inteligente y a base de su propio esfuerzo logro escalar posiciones importantes y sobresalir en el campo de los negocios.  Fue un excelente hijo y hermano.

 Pedro se caso con Margot Ramírez.  Son sus hijos: Patricia, Margaret, Elsa y Peter John.

 Era igualmente muy listo y una persona que poseía grandes dotes de creatividad e ingenio.  Con Paco tuvieron una oficina de representaciones de importantes firmas de los Estados Unidos.  Era muy amigo de hacer deporte, como trotar o montar a caballo.  Organizó una empresa grande de artículos de plástico y cuero.

 Mercedes se caso con Hernando González.  Tuvieron dos hijos, Juan Hernando y Alvaro.  Dedicó sus mejores años al estudio del piano.  Trabajo como ejecutiva en firmas importantes de Bogotá. Fue compañera incondicional de Mamá en sus últimos años, a quien cuido con esmero.  Su hijo Juan Hernando, después de vivir por muchos años en California, regresó a Colombia.  Alvaro vive en Los Angeles.

 Hernando González sobresalió en el campo de las ventas.  Fundo con otros tres socios una industria de válvulas para agua muy conocidas hoy en Colombia, de uso en la construcción.

 Jaime se caso con Nydia Ortiz y fueron padres de Lucas, Camilo y Carmelita.  Era Jaime una persona de una bondad increíble.  Trabajo con Pedro en su industria y mas tarde organizo su propia empresa.  Vivió Mamá en su casa muchos años, después de quedar viuda.  Nos visitaba muy a menudo.  Era generoso, sincero y cordial y se granjeaba la amistad de las personas por sus buenas maneras.

 Me refiero ahora a los hermanos que tenemos la gracia de estar vivos.

Héctor contrajo matrimonio con Pierrette Pieri, de nacionalidad suiza, con quien tuvo a Myrianne.  Posteriormente en Colombia se caso con Celina Reyes.  Se graduó como ingeniero civil de la Universidad Nacional de Colombia.  Vivió aproximadamente veinte años en Suiza, en las ciudades de Vevey y Ginebra.  Se desempeñó en este país como ingeniero de suelos.  Regreso después a Colombia.

 Leticia se caso con Eric Schwarzwald, de origen austriaco, hoy ciudadano de este país.  No tuvieron hijos. La invito Pedro a vivir en su casa de Los Angeles con su esposa Margot e hijos, hace muchos años.  A partir de ese momento echo raíces en los Estados Unidos, donde posteriormente conoció a Eric.  Tanto en Colombia como aquí trabajo como secretaria ejecutiva.  Ha viajado varias veces a Colombia a visitarnos.

 Alvaro contrajo matrimonio con Beatriz Muhlbach y tuvo tres hijos con ella, a saber, Alvaro Jr., Juan Pablo y Claudia Rosario.  A los dos años de su fallecimiento se caso con Yvonne Barrera Van Den Eynde y tuvieron a Gabriel Arturo y Santiago, para completar un total de cinco hijos.

 Me valgo de esta oportunidad para expresar con mis hijos Alvaro, Juan Pablo y Claudia nuestro tributo a la memoria de Beatriz o Betty, como reconocimiento a quien fuera una esposa y madre excepcional.  Dios me ha concedido el favor de tener dos esposas inmejorables.

 Trabaje en Colombia y Venezuela como secretario bilingüe en empresas de petróleo y en Chicago con la Texas en el departamento de promoción de ventas.  Al regresar a Colombia preste mis servicios a la Embajada de los Estados Unidos por catorce años, en la administración, la Comisión Fulbright y el Cuerpo de Paz.

 Por ultimo Armando.  Caso con Elizabeth Robertson y son sus hijos Armando Andrés, Adriana, Juan Carlos y Mónica.

 Estudio arquitectura en Gainesville, Florida, con el apoyo de  Paco principalmente y de Pedro.  Ha construido edificios, parqueaderos de varios pisos y casas en Bogota. 

 Al recordar a los hermanos fallecidos vienen a nuestra mente los años que compartimos con ellos en nuestra juventud, cuando vivíamos todos en la casa paterna.

 Nacimos todos en Sogamoso, Boyacá, departamento de Colombia, que tiene fama de estar poblado por gente buena y sencilla, como ustedes lo habrán podido comprobar.

 Tenía allá Papá sus negocios y trabajaba también como docente en colegios de la localidad y en Tunja.  Escribía también en periódicos de estas dos ciudades.

 Mamá, por su lado, atendía su almacén de miscelánea situado en el marco de la plaza principal.  El local del almacén formaba parte de la casa donde vivíamos.  A propósito, les voy a relatar una anécdota.

 En el segundo piso, encima del almacén, estaba una de las alcobas donde dormía en su cuna el bebe de turno de entonces, mejor dicho, Armando.  En el entrepiso había un orificio redondo con su tapa, por el que se comunicaba la muchacha del servicio con Mamá, cuando era la hora de alimentar al niño o por cualquier otro motivo. 

 Un día cualquiera estaba Mamá atendiendo unas amigas que hacían compras.  De repente se encontraron mojadas con un líquido que provenía del segundo piso.  Inicialmente no entendían que ocurría, pero luego al caer en cuenta y, como era de esperarse, tamaña fue la sorpresa.  Salieron presurosas y muy disgustadas con esta chanza pesada de los niños mayores, quienes luego recibieron el castigo apropiado.

 En Sogamoso, como en todos los pueblos de Boyacá, se celebra el mercado los días domingos en la plaza principal.  A este concurren los habitantes de la población y los campesinos de las veredas cercanas.  Las cabezas inquietas de Paco y Pedro se idearon una nueva forma de distracción.  Se les ocurrió salir corriendo alrededor de la plaza y cuando estaban en plena carrera dejaban caer una cajita de fósforos  que daba la impresión de estar llena. Cuando terminaban de correr se escondían donde no podían ser vistos para observar al afortunado que recogía la cajita.  Era una forma de diversión muy original, hasta cuando un día un campesino dio la queja a Papá.  En adelante no les quedaron ganas de seguir con la broma.

 Son muchos los episodio graciosos que recuerdo del tiempo que vivimos en casa. Para no alargar mucho este discurso, Letty y Armando les leerán algunas anécdotas de nuestra niñez mas tarde.

 Después de vivir nuestros primeros años en Sogamoso y cuando estaban Paco y Pedro en edad de asistir al colegio grande nos mudamos a Bogota.  Ellos viajaron un poco antes que el resto de la familia.  En Bogota entramos al colegio y cuando los dos mayores terminaron su bachillerato comenzaron a trabajar.

 Paco trabajó, entre otras partes, en la recién fundada empresa telefónica de la ciudad.  Vendía líneas para teléfonos de cuatro números.  Poco le duro el puesto, como era de esperarse. 

Salía de la casa a jugar tennis fingiendo que iba al trabajo, para no preocupar a Papá y Mamá.

Estuvo también con una firma extranjera que producía un alimento que venia en polvo en tarros. Como nos quería ver muy vigorosos, teníamos que tomar de ese polvo con agua todos los días, por la razón o la fuerza, a pesar de que su sabor no era muy agradable.  Digamos que como una emulsión de Scott. 

 También trabajo en El Espectador, donde hizo buena amistad con Gabriel Cano.  Don Luis Cano lo llevo a Rió de Janeiro como secretario privado en la época en que Colombia tuvo el celebre conflicto de limites con el Perú.

 Cuando los hijos mayores estaban grandecitos y cuando ya contaba con algún respaldo económico proveniente de sus negocios de construcción y exportación de chicle, entre otros, emigro con toda la familia a los Estados Unidos.  Vivieron primero en Racine, Illinois; volvieron a Colombia y partieron de nuevo hacia la Florida.  Se radicaron finalmente en Coral Gables.

 Curiosamente, a raíz de su partida hubo poca comunicación entre nosotros, hasta el punto de que en los últimos años no teníamos noticia alguna de nuestros parientes.  Yo tengo el honor de ser el Padrino de Cristina, y me siento muy contento de tener esta oportunidad para restablecer contacto con ella y el resto de la familia.

 Cuando vivíamos todos en Bogota éramos una familia muy unida. Nos reuníamos en casa, o donde Paco o Pedro o Mechas, con bastante frecuencia.  Nos gustaba mucho jugar “toruro”, hacer juegos de salón o, en ocasiones, se invitaban amigos y con el acompañamiento de piano a cargo de Mercedes bailábamos el pasillo o el bolero, los aires de moda de la época.  Todo esto lo recordamos con alguna nostalgia. 

 Con mamá íbamos a cine a veces. Recuerdo que cuando en alguna escena de la película aparecían parejas de enamorados besándose nos tapaba los ojos con las manos para no que no viéramos cosas indecentes.  Para nosotros es algo así como una incógnita saber como se las arreglaron con Papá para tener tanta descendencia.

 Vale la pena mencionar que Mamá nos enseñó a todos a leer usando el periódico. Ella tenía tiempo para todo

 Volviendo al punto inicial, que bueno que nos volvemos a encontrar después de algo mas de treinta años, con canas y arrugas unos pocos, y con acento trabado otros, y con un idioma distinto, los mas pequeños de la familia.  Pero que maravilla que estamos juntos.

 Debemos sentirnos todos, muy complacidos de llevar nuestro apellido.

Tenemos razón para sentirnos orgullosos de ser representantes de nuestro país y  tenemos meritos para considerarnos así  Debemos  reconocer que somos personas de bien, miembros de una familia honorable  y que hemos vivido dentro de las normas  de  conducta que trazaron para nosotros nuestros padres, Juan y Carmelita .

 Nuestros padres y hermanos fallecidos  también nos acompañan en esta ocasión, podemos  estar seguros.

 Esperamos que esta oportunidad sirva para afianzar nuestros lazos familiares y de  sincera amistad por siempre.

 Héctor y Celina, así como Juanher, nos han pedido que les hagamos llegar un saludo muy especial.  Lamentan profundamente que por razones ajenas a su voluntad  se vieron privados de asistir a este encuentro.

En mi nombre, de Yvonne y de mis hijos les expresamos nuestro agradecimiento por su invitación.  Que Dios permita que volvamos a encontrarnos de nuevo en un futuro cercano, talvez inclusive en nuestra tierra natal, Colombia.

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